"PASAJE DE IDA" puede adquirise en DVDDon Agliberto Meléndez es una de las personalidades sobresalientes del cine dominicano. Su labor ha servido inmensamente a las nuevas generaciones y en el establecimiento de los cimientos y la identidad del cine nacional. Se ha destacado en el campo de la dirección cinematográfica, la difusión, la formación y la preservación. Es una de las figuras respetadas y reconocidas entre los autores destacados del cine latinoamericano.
A este señor le debemos la fundación de la Cinemateca Dominicana en el año 1978, por donde pasaron muchos de las personas que han dejado igualmente sus huellas a favor del cine nacional. Desde allí, estableció relaciones con otras cinematecas e institutos de cine y el público que apreciaba el séptimo arte pudo establecer contacto con lo mejor del cine mundial. Clásicos, grandes autores, auténtico cine de arte y ensayo se exhibió en aquella sala inmensa, quizás la única que existe de las viejas salas que con el tiempo vimos cerrar.
Tuvo la osadía de iniciar una colección de obras imprescindibles en celuloide y rescatar algunos trabajos de los pioneros del cine nacional. Sus imperecederas carteleras contribuyeron a la formación de cientos de jóvenes que buscaban un cine de calidad. Recuerdo haber descubierto allí a Tarkovsky, Visconti, Buñuel, Fellini, Chaplin y Hitchcock, para citar sólo algunos de los grandes de este arte.
La Cinemateca cerró, fue devastada, transformada en un escenario teatral grandilocuente pero de funestas consecuencias. Abandonados sus espacios, destruido su patrimonio y en condiciones muy adversas, logró abrir años después, nueva vez gracias a sus gestiones.
Tuvo “la osadía de crear una Cinemateca y reconocer su alcance e importancia en aquellos tiempos” como nos refiriera Margot Benacerraff, fundadora de la Cinemateca de Venezuela y directora de “Araya”, amiga de Agliberto y discípula de Henri Langlois, el fundador de la Cinemateca Francesa.
Diez años después sigue con sus obsesiones cinéfilas y decide hipotecar su casa y hacer un largometraje de fuerte denuncia social, impresionante realismo y que se mantiene a la fecha en el primer lugar de las producciones dominicanas, considerando su calidad cinematográfica.
“Pasaje de ida” (1988) fue la primera gran producción dominicana, que logró colocar a nuestro cine en el panorama internacional. Ganadora de premios en el Festival de la Habana, Bogotá, Huelva, Biarritz. Hace unos años fue reconocida como una de las 50 películas iberoamericanas más importantes, en una selección realizada por críticos de cine, cineastas y expertos de toda Iberoamérica para la conmemoración del Primer Congreso de Cultura Iberoamericana, dedicado al cine y al audiovisual.
Tras varios años de lucha titánica, parece empezar a ver la luz su segundo gran proyecto. “Del color de la noche” es una biografía de uno de los grandes líderes políticos y figuras más trascendentes de nuestro país: José Francisco Peña Gómez.
Es una historia muy intimista, de una persona a quien le unieron estrechos lazos familiares y una profunda amistad. Expone la realidad de sus orígenes, sus inicios como líder estudiantil, su participación en hechos relevantes de la historia reciente, su rol en la definición de los destinos políticos de la nación y su marginación política y como ser humano, en una sociedad cargada de prejuicios sociales y de tipo racial.
Don Agliberto alza nuevamente su voz, intenta devolvernos la confianza en el cine dominicano. Promete adentrarnos en una historia definitivamente trascendente, con honestidad y realismo, descubriendo verdades ocultas por los manejos mediáticos y la historia oficial. Auguramos el mayor de los éxitos para este gran quijote que ilumina los pasos de nuestro cine nacional.

Sobre la trama
En 1937, Rafael Trujillo ordena "El Corte," campaña contra los negros en la frontera entre República Dominicana y Haití. Amparados por la oscuridad, María (25) y Oguís (27), tratan de huir a Haití con sus dos pequeños hijos. Los seguidores de Rafael Trujillo los interceptan y la familia se dispersa. Al amanecer, los dos niños son rescatados por un campesino y el menor, de sólo 5 meses, es asumido por una pareja madura que lo bautiza como José Francisco.
En su primer día de escuela, José Francisco conoce lo que ha de ser su sino: la discriminación. Temprano en su vida muestra su talento, lo cual pone al servicio de la redención de los oprimidos. Emigra a la gran ciudad, se hace locutor y abogado y se integra al agitado proceso de democratización del país al ser decapitada la tiranía en 1961.
Pronto se convierte en el líder de las multitudes, contribuyendo decisivamente en la elección de tres presidentes. La discriminación lo lleva a buscar apoyo en las organizaciones internacionales y sus dotes de orador y su carisma le merecen un puesto prominente en todo el ámbito político.
Los presidentes electos con su respaldo decisivo no implementan las reformas que él anhela. Eventualmente, es postulado a la presidencia de la República. La campaña sucia lo asedia y un complejo fraude lo priva del triunfo. José Francisco debe decidir entre llamar a la desobediencia civil que conduciría a una conflagración, o a negociar su victoria.
Las maniobras políticas lo hacen ceder y, aunque expulsa a su adversario del poder y obliga a elecciones extraordinarias, el estigma de su raza y de su origen lo doblegan. Un agresivo cáncer lo consume. Pero él batalla hasta el último aliento y su heredad ideológica se convierte en la bandera de su partido. Murió en Santo Domingo, el 10 de Mayo de 1998, a los 61 años de edad.